Querid@s amig@s, ya estoy de vuelta, mil disculpas que hemos tenido el blog un poco abandonado, no nos hemos olvidado de vosotros si no todo lo contrario, cogiendo fuerzas para seguir dándole fuerte.
Me gustaría compartir con vosotros una historia que me emocionó el último día que estuve de vacaciones en mi pueblo. Quizá penséis que soy un poco sarcástica, pero realmente me chocó mucho las reacciones que tenemos las personas ante situaciones como es la muerte.
El último día de mis vacaciones murió "tío Justo" (no era mi tío carnal, pero allí a todas las personas mayores les llamamos "tío o tía", no sé bien porqué la verdad. Bueno pues tío Justo ya era una persona de avanzada edad, 83 quiero recordar, el ya llevaba tiempo "malito", le dió algo en la cabeza que le fue apagando poco a poco, una persona "normal", hubiese muerto en cuanto le dio "la cosa mala", él tenía la fortaleza que te da el campo, una alimentación sana (lo que les proporcionaba la tierra que ellos mismos cosechaban), iba cada mañana caminando a todos los sitios, a ver su ganado, echar de comer a las gallinas, caminatas de 2 y 3 horas diarias como mínimo. Hay una anécdota muy graciosa que me gustaría resaltar....hace ya tiempo, tío Justo iba a ver su ganado al campo donde tenía sus vacas, él iba campo a través, en el camino se encontró a un habitante del pueblo que iba al mismo sitio, pero este iba en coche, le invitó a subir al coche y así ahorrarse la caminata, y este le contestó: No, que llevo prisa!!!, es una anécdota que todos recordamos con mucho cariño, no mentía, el tardaba menos andando que la otra persona en coche, esto, para que os hagáis una idea de como vivía tío Justo. De bebida????.... su vino hecho por ellos, cada día para desayunar, comer y cenar, su vaso de vino....y comer, como os comentaba, lo que la tierra les daba (me entendéis por donde voy verdad?), bueno, pues si algo me impresionó el día de su entierro (tengo que añadir que no me gustan nada los velatorios, que si lo puedo evitar no voy ni a los entierros, como mucho a misa, lo paso muy mal, es superior a mí, es algo que nuestra cultura deberíamos restructurar, el sentir tanto miedo a la muerte), pues me impresionó, en primer lugar las campanas, en los pueblos las campanas de la iglesia tienen vida propia, cuando "doblan", suenan tan tristes que se te encoge el alma.....en el tanatorio (hasta no hace mucho se velaba a los muertos en sus propias casas) acude todo el pueblo, gente mayor, gente joven, allí todos nos conocemos, el que no es familia, es amigo de familiar, el que no vecino, y el que no.....porque sí.... y en el funeral igual, acude todo el pueblo, el ataúd se sigue llevando a hombros en este caso de hijos y sobrinos, una despedida....como Dios manda, llantos?, claro, muchos, sobretodo su pobre viuda "tía Paula", ya muy mayor también, se hacían compañía claro, le resultará difícil, pero es así la vida, y así la deberíamos de aceptar y de entender. Me sentí muy orgullosa de toda la gente de verdad, tío Justo tuvo una despedida como se merecía, arropado por todo el pueblo, yo de mayor, quiero que se me despida así.
Salud y Suerte
Anabel San Segundo